Max- La culpa de todo es de los actores, ve y mátalos
Leo- como le vas a decir eso, los actores son seres humanos
Max- ¿Comiste con alguno?

The producers

Una de las primeras figuras del espectáculo que apareció en las redes con un video para convencer a la gente para que se mantuvieran en sus casas fue Mel Brooks. El video era sencillo, amable y el cómico de 93 años se animaba a bromear con su edad  y su situación de grupo de riesgo. En el video se lo veía acompañado por su hijo Max. 

Una vez metidos en la cuarentena decidí que no estaba mal volver sobre la filmografía del gran Mel Brooks, volver a la obra de ese gran humorista que arrancó en los grandes shows de la TV Americana de fines de los ´50 y aún hoy es convocado para apariciones especiales o para poner la voz en películas de animación.

Cuando le preguntan por sus días en la marina durante la segunda guerra mundial Mel Brooks dice que se lo pasaba en la cocina hasta que lo escucharon cantar y hacer bromas de ahí pasó directamente a la radio de esa fuerza. Parece ser que el fuerte del marino Brooks era parodiar los informativos del Tercer Reich. Cuando terminó la segunda guerra entró a la televisión y no paró de hacer humor. 

En los cincuenta trabajó como guionista en una serie de programas que hoy son clásicos de la comedia y formó parte de equipos que uno quisiera haber visto en acción y por los que pasaron desde Neil Simon y Carl Reiner hasta Woody Allen. 

Junto a Buck Henry crearon “Get Smart” y resultó ser la parodia definitiva de James Bond y de sus imitadores. 

Llegó al cine en 1968 con “The producers” una comedia absolutamente disparatada y que no dejaba títere con cabeza. Un decadente productor de teatro, vive estafando ancianas millonarias que lo utilizan como objeto sexual de sus calenturientas fantasías a cambio de cheques con los que Max Bialystock (un extraordinario y libidinoso Zero Mostel)  produce obras de poca monta que no duran nada en cartelera. Una tarde llega a la oficina un empleado de la compañía que le lleva la contabilidad, un empleado gris, lleno de complejos, inseguro y bastante esquizo, Leo Bloom. El contador de poca monta (Gene Wilder, no menos extraordinario que Mostel) estudiando la contabilidad del productor descubre que si en lugar de sacarle unos pocos miles a las ancianas pudiera recaudar un millón de dólares y estrenar un fiasco se podría hacer millonario sin tener que responderle a quienes aportan el dinero. El productor hace suya la idea del contador al que halaga hasta convencerlo de dejar su vida insignificante para pasar a ser un productor de Broadway. El productor y el contador se asocian, buscan la peor obra posible, contratan el peor director y eligen el peor elenco. La obra elegida es una “oda homosexual a Hitler” escrita por un nazi que vive cuidando unas palomas en la terraza de un viejo edificio, su título “Primavera para Hitler”. La obra, dice Max: “Bajará en la página 4”. El director es un gay experto en comedias musicales sin ningún éxito en su haber y el protagonista un hippie cuyos amigos llaman “LSD”. El fracaso está asegurado. Por supuesto se transforma en un éxito. La película fue recibida con críticas muy duras pero Brooks ganó el Oscar a mejor guión original venciendo entre otros a Cassavettes por “Faces” y a Kubrick por “2001 Odisea del espacio”.

Su siguiente película fue la fallida. “Las doce sillas” una adaptación de un cuento clásico de origen ruso que cuenta las vicisitudes de un aristócrata en los primeros días de la revolución bolchevique. Las doce sillas del juego de living de la familia son repartidas por todo el territorio soviético y en una de ellas están escondidas las joyas de la familia. Frank Langella es el aristócrata que persigue a las sillas en una carrera enloquecida con el tiempo y con un cura ortodoxo interpretado por Dom deLuise. Hay grandes momentos de comedia física, gags por todos lados y un criado interpretado por Mel Brooks que no deja de besar las manos de su ex amo cuando este llega a la mansión donde solía vivir. La curiosidad del caso es que hay una película cubana de 1962 con el mismo tema.

Después de esa experiencia Brooks se tomó unos años y en 1974 filmó dos de sus mejores películas. Una la hizo solo “Blazzing saddles” (Locuras en el Oeste) la otra la escribió con su amigo Gene Wilder. Las dos se transformaron en clásicos. Las dos son cantos de amor al cine clásico. De hecho para parodiar a Frankenstein consiguieron la escenografía original y llamaron a varios técnicos ya jubilados para lograr la imagen exacta de las películas originales. Es inútil que en un blog de cine me ponga a rescatar gags o frases de las dos películas. Todos las recordamos y si hay alguien leyendo que no lo haya hecho debe hacerlo ya. 

En 1977 se mete en camisa de once varas, el proyecto se llama “High anxiety” el objetivo a parodiar/homenajear esta vez fue el cine de su amigo y vecino Alfred Hitchcock. Es muy divertida, es muy respetuosa y cuentan que cuando Mel lo llamó para mostrarle la película el voluminoso rey del suspenso se cayó de la risa del cómodo asiento que le habían puesto en la sala. 

La trilogía de películas que acabo de contarles era apenas el aperitivo para la que es su obra maestra. “Silent movie”. Un director, el mismísimo Mel Brooks y sus colaboradores interpretados por Marty Feldman y Dom deLuise recorren Hollywood tratando de convencer a directivos y a estrellas de filmar una película muda. La película no da respiro y el hecho de que participen desde Paul Newman y Liza MInelli, pasando por Burt Reynolds hasta el mimo Marcel Marceau es apenas un detalle para una película que vuelve a demostrar que Mel Brooks ama al cine y que en ese momento estaba en un pico creativo.

La siguiente película es un poco despareja y acaso lo vence la intención megalómana: “History of World Part I” y el hecho de que no haya existido una segunda parte indica que la primera no fue todo lo exitosa que se esperaba. Sin embargo, el arranque con la voz de Orson Welles y la parodia a los monos de “2001, odisea del espacio”; el momento de la última cena; el monólogo del humorista del imperio romano, nada menos que en el “Caesar’s palace”; el lanzamiento de pobres para practicar puntería en los días previos a la revolución francesa y el musical sobre la inquisición salvan a la película a la que se puede acusar de ser episódica y un poco torpe en su realización.

La idea de esta nota no es reseñar todas la películas de Brooks, sino resaltar lo bueno de su cine y en todo caso guiar al lector. Es común que viendo alguna de las películas posteriores del director uno piense “¿no podría haber pulido un poco esto” por suerte siempre que uno empieza a pensar esto algún gag, un one liner o una animalada nos vuelve al camino de la comedia que es el territorio de Mel Brooks.

Por si quedaban dudas del gusto por el cine clásico del humorista su siguiente proyecto fue la remake de un clásico de Ernest Lubitsch, “To be or not to be” la historia de un grupo de teatro polaco conocido “por hacer con Shakespeare, lo que los nazis le hicieron a Polonia”. Brooks es Frederick Bronsky que dirige la compañía en la que trabaja su mujer que en esta película resulta ser su mujer en la vida real, Anne Bancroft. La remake es casi calcada de la original y quizás su mejor aporte sea el extraordinario número de apertura en el que Brooks y Bancroft canta en polaco y bailan el clásico “Sweet Georgia Brown”. O el momento en que el actor suplantando a Hitler saluda a sus subordinados diciendo: Hail my self!

Lo que sigue en la carrera cinematográfica de Brooks es apenas relevante, una parodia a Star Wars llamada Spaceballs con momentos rescatables, una parodia a Robin Hood y un Drácula con Leslie Nielsen para cerrar con “Life stinks” una comedia de dura crítica social de 1991 con un Los ángeles plagado de homeless y ricos desalmados.

Muchos pensaban que ya no había más de Mel Brooks para ver pero en 2007 reapareció con su vieja historia de los productores que plantan en Broadway una comedia llamada “Primavera para Hitler” pero esta vez la historia se presentó en forma de comedia musical que arrasó y que incluye varios números musicales divertidos y  retoma “Primavera para Hitler” para ampliar los chistes.

La obra tuvo su versión argentina protagonizada por Francella y Pinti que se encargó de la traducción y que confesó que le sacaron algunos detalles de la puesta, como una enorme esvástica que ocupaba el centro de la escena, porque les pareció demasiado.

 Brooks metió la voz en distintas películas animadas, fue el tío de Paul Raiser en algunos capítulos de Mad about you y casi protagonizó una temporada de “Curb your enthusiasm” en la que David Swimmer y Larry David ensayan una puesta de “The producers” producida por Mel Brooks y Gene Wilder.

El humor de Mel Brooks es salvaje, sutil, elegante, procaz, clásico y moderno todo al mismo tiempo con un increíble sentido del timing. La comedia al fin y al cabo necesita de eso, de ritmo y de algo elegancia. Aunque un pedo bien tirado, una torta de crema arrojada con ganas o una mirada lasciva a un buen par de tetas ayudan bastante.

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